EL MOLDE DE LA AUSENCIA


Era el tipo de amor que no se nombra, sino que se respiraba. Un amor hecho de minutos sagrados: del silencio compartido en el amanecer, del café que preparaba para dos mientras los niños, de un año y medio y tres años, dormían en nuestros brazos. Ella era el hogar antes de que tuviéramos paredes.

Y luego, de la manera más brutal y temprana, el universo nos arrebató el aire. Se fue cuando todo estaba por empezar, dejando no solo un vacío que gritaba, sino dos pequeñas razones para no dejarme hundir: nuestros hijos.


Así que aprendí a respirar de nuevo, pero con un pulmón roto. Me vestí de padre y de madre, de fortaleza y de arrullo. Las noches ya no eran para sueños compartidos, sino para vigilias frente a cunas, secando lágrimas que no eran solo de ellos.

Salimos adelante juntos, les prometí a sus ojos inocentes, tan parecidos a los de ella.

Y lo hicimos. Sin incluir a nadie más en la ecuación de nuestra vida, porque nuestra trinidad era un santuario, un altar vivo a su memoria. Ellos eran el pedazo de ella que me permitía seguir amando.


Los años pasaron, llevándose los rasguños de rodillas, los miedos nocturnos, las risas en la cocina. Mis pequeños gigantes crecieron. Y un día, como debe ser, tomaron su propio vuelo, cargando consigo su propio molde de ella, quizá más suave, más llevadero.

La casa, de pronto, recuperó su silencio original. Pero ya no era el silencio cómplice de antes: era un eco.


La herida aguda del dolor, con el tiempo, cerró. No con suturas finas, sino con una cicatriz ancha, de tejido resistente. Una cicatriz que se convirtió en un molde interno, un yeso perfecto de su forma. De la curva de su sonrisa al despertar, del modo en que fruncía el ceño cuando se concentraba, de la calma que exhalaba su simple presencia.

Ese molde es ahora mi prisión y mi templo.


He intentado, lo juro. He mirado otras sonrisas, he escuchado otras risas. Pero siempre, inevitablemente, tomo el molde del recuerdo y lo coloco sobre esa persona nueva. Y nadie encaja.

No es que sean menos; es que ella ya estableció la medida total de mi corazón. No es justo para ellas, lo sé. Pero deshacerme de ese molde sería como deshacerme del aire que mis pulmones memorizaron cuando ella respiraba a mi lado. Sería renunciar a la única geografía que mi alma reconoce como patria.


Así que aquí me quedo, en esta casa llena de ecos. Amando a una mujer real que ya no despierta con el pelo revuelto, pero cuya esencia impregna cada rayo de sol que entra por la ventana en la mañana.

Ella se fue temprano, sí, pero se llevó consigo mi capacidad de amar de cualquier otra manera. Y en este altar silencioso de memorias, entre los fantasmas de las risas de mis hijos pequeños y el perfume que ya nadie más percibe, encuentro una paz agridulce.

Porque algunos amores no son para toda la vida, sino que son la vida entera. Y a mí me tocó vivirla toda, demasiado rápido, en el breve y eterno suspiro que compartimos.


Guido Berly

Comentarios

  1. Es triste, pero es la forma de darse cuenta cuando es amor eterno .
    Exito 🍀

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  2. Este relato profundamente humano y doloroso donde dos almas que forjaron una vida juntos se separan porque ella se va ... Quedan mil preguntas flotando en el aire para el lector y una herida profunda que él moldea con la esencia de ella sin darse cuenta que cualquiera que quiera que quiera entrar se irá también .Solo cuando la forma se rompa alguien diferente con una vibración de primavera un perfume de esperanza una mirada de complicidad sin miedo sin comparación se quedará.

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  3. Triste historia pero de un amor puro te felicito Berly

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  4. Hola Berly, me dió pena la historia pero a veces pasa en algún hogar que ella partió dejando a tres almas solas, que no encontró en ninguna mujer el aroma y tampoco el amor como la que amo tanto no hubo ninguna que se moldara a ella ese es un amor eterno y único, hermosa historia saludos Berly y felicitaciones por escribir tan bellas historias.

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  5. Qué bello relato. Triste, pero real. Cuántas veces en la vida se experimenta ese amor eterno que queda marcado a fuego en nuestro corazón y por más que intentemos no podemos reemplazar, no porque no queramos avanzar, sino porque además de ser injusto para la otra persona recibir un amor a medias, debemos ser honestos con nosotros mismos.
    Cariños Berly

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