LOS HILOS QUE CUENTAN QUIEN SOY



Hay una quietud en mis mañanas que no se compra con dinero, que no se gana con esfuerzo, que simplemente es. Llega antes que yo, como si esta casa —este refugio de paredes que han aprendido a callar— supiera que necesito recordar, cada día, cómo se siente pisar la tierra de la propia vida sin zapatos que protejan ni disfracen.


Y entonces, como un ritual sagrado, me envuelvo en estos hilos que me contienen.


Esta polera no es prenda; es piel de segunda capa. Es el libro de mi vida escrito en algodón desgastado. El pequeño desgarro en el costado izquierdo pertenece a aquella tarde en que me senté en la rama de un olivo viejo, buscando respuestas en la corteza rugosa, y la madera me retuvo un momento más de lo esperado, como queriendo enseñarme que algunas heridas nos anclan a lugares sagrados. La ruptura sutil junto al cuello apareció el día que entendí que crecer duele, pero no rompe; solo expande los límites de lo que podemos contener.


Podría tener diez poleras nuevas. Podría vestir el uniforme que el mundo espera. Pero sería como arrancarme la memoria de la piel, borrar el mapa que me guía de vuelta a casa cuando me pierdo en países ajenos.


Llegué a esta edad con las manos ligeras. Mi riqueza cabe en el silencio que habito cada tarde, cuando el sol cede su lugar a las estrellas y yo sé, sin ninguna duda, que el día fue mío. Mientras otros escalaban montañas prestigiosas, yo cultivaba mi valle interior. Pequeño, sí. Insignificante para quienes miden la vida en metros cuadrados y reconocimientos. Pero mío.


Camino solo, pero mi soledad no es un vacío. Es un espacio sagrado que he amueblado con mis verdades, donde cada objeto tiene una historia que no necesita ser explicada. Donde el desorden tiene su propio orden secreto.


Hubo un tiempo en que casi olvido cómo se sentía.


La última vez que abrí la puerta de este mundo mío, ella entró con sonrisas y promesas. Traía un manual de instrucciones bajo el brazo, aunque al principio lo mantenía escondido. "Te amo tal como eres", dijo primero. Pero el amor, en su diccionario, tenía sinónimos como "mejorar", "potenciear", "adaptar".


"Esa polera está hecha trizas, cariño", decía mirando mis desgarros como si fueran defectos en lugar de historias. No veía que cada ruptura en la tela correspondía a una grieta en mi armadura emocional que había decidido no reparar, porque a través de ellas respiraba mejor.


Y yo, que anhelaba compañía después de tantos años de diálogo exclusivo conmigo mismo, comencé a ceder. Guardé mis "arapos", como ella los llamaba, en el fondo del armario. Compré camisas impecables que no tenían nada que contar. Aprendí a sonreír cuando no sentía alegría, a hablar cuando prefería el silencio, a fingir interés en conversaciones que eran solo intercambios de egos.


Me llevó a su mundo —ese círculo dorado donde todos parecían personajes de una obra que nunca había leído— y me presentó como su "proyecto más prometedor". Sus amigos me examinaban con miradas que medían mi valor en costuras perfectas y anécdotas pulidas. Yo, el hombre que prefería sentir la tierra bajo los pies descalzos, ahora calzaba zapatos que me lastimaban mientras sonreía.


Muchas noches volví a casa y me quedé mirando al espejo, preguntándome dónde estaba el hombre que reconocía. El que sabía que la felicidad no era una meta sino la textura misma de los días auténticos.


El quiebre llegó un martes por la mañana, mientras ella ordenaba la casa "para que parezcamos gente civilizada". Al abrir el contenedor de basura, vi el borde desgarrado de mi polera más antigua —la primera, la que guardaba la ruptura del olivo que me enseñó a quedarme quieto— asomando entre desperdicios. La había arrojado allí junto a otras prendas que ella consideraba "indignas".


Mis manos temblaron al rescatarla. La saqué con la reverencia con que se exhuma un tesoro. La sostuve contra mi pecho y sentí, en su tejido desgastado, el mapa de todas mis rupturas elegidas, los lugares donde había permitido que la vida me abriera para que entrara más luz. Olía a mí, a mis mañanas tranquilas, a mis caminatas sin destino, a mi vida verdadera.


En ese instante, con la polera entre las manos y la certeza de que estaba a punto de perder lo último que me quedaba de mí mismo, supe.


"No", dije en voz baja al principio, luego más firme. "No más".


Ella no lo entendió. "Es solo un trapo lleno de roturas", dijo. "Podemos comprarte otros mejores".


Pero no se trataba de la tela. Se trataba de cada desgarro como testimonio de supervivencia, cada hilacha suelta como recordatorio de que seguía entero a pesar de todo.


Hoy estoy aquí, con mis pies descalzos y mi polera llena de historias en cada rotura, no por descuido sino por fidelidad. Es la que amo porque me ha acompañado sin pedir perfección, testigo silencioso de mis caídas y mis levantadas. Mi cómplice en esta vida sencilla que he elegido.


Algunos me cuestionan mi soledad. "Debes estar triste", suponen. Pero mi soledad no es un sacrificio; es la trinchera desde donde me protejo de volver a transitar senderos que me exijan desaparecer. Es el espacio donde puedo respirar sin pedir permiso, donde mis grietas no tienen que ser disimuladas.


No busco a quien venga a cambiar mi mundo ni a apropiarse de él. Anhelo, sí, a alguien que traiga su propio universo completo —con sus roturas, sus reparaciones imperfectas, sus tejidos desgastados— para que podamos tender puentes entre dos continentes ya formados, sin colonizaciones ni conquistas. Una simbiosis de mundos completos, no un rescate de mitades.


Si miras mi polera y solo ves tela desgarrada, es que aún no has aprendido a leer entre las roturas. En este tejido sencillo están escritos todos mis días verdaderos. Cada desgarro es una batalla superada, cada hilacha suelta es una lección aprendida, cada zona transparentada por el uso es un testimonio de que he estado aquí, presente, viviendo.


Las noches, cuando me la quito para dormir, puedo mirarme al espejo y reconocer al hombre que soy. No al que quisieron perfecto, no al que intentó ocultar sus grietas, no al que se disfrazó de impecable para ser amado. Sino al que decidió, con terquedad sagrada, vestir sus desgarros como medallas, aunque eso significara caminar solo.


Esta polera no oculta mis rupturas: las celebra. Y me ha enseñado a celebrar las ajenas.


Porque persistir en ser uno mismo —auténtico, desgastado por la vida pero nunca roto, irrepetible— es quizás el acto más revolucionario y profundamente espiritual que un ser humano puede emprender. No requiere de testigos ni aplausos. Solo requiere el valor de ponerse, cada mañana, la verdad tejida en hilos que se permiten desgarrarse, y salir a caminar descalzo sobre la tierra de la propia vida.


Estos hilos que me envuelven no son mi límite: son mi bandera. Mi historia. Mi verdad.


Y también, al fin, mi libertad.


Guido Berly

Comentarios

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  2. Escribí hace un rato , con respecto a tu historia, posiblemente no se grabó, pero bueno, sólo decir que es una historia que refleja, los sentimientos que se llevan en el alma, el corazón, que toda realidad se vive desde lo más profundo y cada cosa, objeto que te recuerda momentos tan asesorados son también el tesoro del alma, con el cual se vive hasta el último día de nuestras vidas. Siempre existe en el corazón sentimientos puros que muestran el trabajo, que se hace para lograr metas, salir adelante y lograr los propósitos de vida que hay para co seguir la felicidad que se quiere lograr. Una gran historia de logros y trabajo realizado, una realidad para disfrutar y sonreír y estar seguro que todo lo echó tiene su valor. Su verdad y el motivo de recordar en unas polleras que te acompañaron y vivieron contigo ese trabajo echó sin máscaras con una intención muy especial y verdad
    Felicidades por tus logros

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  3. Este hermoso relato habla de ser auténtico con los hilos gastados .con las cicatrices con la historia arrugada requiere la valentía de ponerse la propia verdad cada mañana ,su autenticidad no es negociable es su propio universo en expansión no pide que lo entiendan solo pide no desaparecer dentro de nadie.

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  4. Ésta es la esencia que ví en usted,el día que empezé a seguirlo,que bueno que, la ha sabido conservar,🙏

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  5. Ufff...Cuánta verdad en tus palabras. En esa historia tan linda.
    La gente acostumbra a dejar de ser ella cuando está en pareja.
    Tu decisión fue valiente y necesaria.
    También vivo sola y quiénes te rodean tienden a pensar que uno es infeliz, pero cuando uno aprende a disfrutar de su espacio, no hay mejor compañía que si mismo.
    A veces nos dejamos por complacer al otro y eso está muy mal.
    Me encantó tu historia y comparto plenamente lo que cuentas en ella.

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    Respuestas
    1. Así como hay heridas, también hay medallas que no se llevan en el cuello, sino en el alma, tu medalla es haber exprimido la vida y con todo lo que eso significa, extrayendo de ella la dulce gota de sabiduría que te enseñó que no se necesita armadura para luchar y ser valiente, ni se necesita colleras para ser educado, amar lo puto y lo simple, se vuelve el hoy desconocido tesoro del ser humano...

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  6. Así es ,es difícil que hoy en día alguien te ame por quien sos por tu persona esa que viene del alma. Lamentablemente uno cree o quiere creer que el amor no lastima pero la realidad es que el amor no lastima solo cuando es recíproco muchas veces nos ponemos ciegos y tratamos de ser como le al otro le gustaría que seamos para así no nos deje de amar o que se enamore más es ahí desde el principio que no nos supimos dar cuenta que quien nos ame nos amara tal cual somos sin querer cambiar nada de nuestra esencia nada de nuestra vida de nuestro recuerdo ,se supone que así debería ser el amor pero hoy en día ya la gente no sabe en realidad cuanto en realidad significa esa palabra. Y cuando te ven solo siempre te preguntan porque???Es que no saben que después de un gran dolor uno debe aprender a amarse primero a uno mismo para que si algún día vuelve a aparecer eso que se llama amor no nos vuelva a confundir o intentar apagar esa luz qué todos llevamos muy dentro

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  7. Porque hay personas que para estar con ellos te quieren cambiar tu forma de ser de vivir ,lo que te gusta y lo que no, si una es como es y eres feliz porque tener que cambiar para agradar a otros?
    Que me hace llorar usted o yo estoy muy sensible o lo soy .
    Saludos, Éxitos 🍀

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  8. Hola Berly, gracias por compartir un poquito de tu vida, las vivencias que has tenido con tus prendas, con ellas has vivido anécdotas tu vida misma de tal como eres tú que nunca cambien tu esencia, felicitaciones

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